«Buen feeling» sigue siendo la justificación más frecuente de una decisión de contratación, y la menos fiable. Una scorecard sustituye esa impresión por una evaluación estructurada, basada en pruebas y no en la intuición.
El problema del feeling en la contratación
El feeling es inestable: dos entrevistadores pueden tener impresiones opuestas sobre el mismo candidato, sin que ninguno pueda explicar exactamente por qué. También está sesgado: naturalmente sentimos buen feeling con alguien que se nos parece, lo cual no tiene ninguna relación con su capacidad de rendir en el puesto.
El principio scorecard: la prueba antes que la impresión
Si no tienes una prueba, no tienes un punto. El feeling es para el postre.
Ese es el principio central de la scorecard que usamos en Walead para evaluar perfiles SDR y Account Executive. Cada criterio solo se puntúa si está respaldado por un ejemplo concreto y verificable, no por una declaración de intenciones o una impresión general.
Cómo estructuramos las entrevistas
El proceso se apoya en 3 entrevistas de 30 minutos, realizadas por tres interlocutores distintos: el reclutador, el Sales Manager, y luego el Head of Sales. Cada evaluador puntúa al candidato de forma independiente, con su propia parrilla adaptada a su ángulo de evaluación, un reclutador y un Head of Sales no buscan exactamente las mismas pruebas.
La escala de puntuación
1 : Señal de alarma, respuesta incoherente, ninguna prueba aportada.
2 : Débil, insuficiente para el nivel esperado.
3 : Estándar, aceptable para el puesto.
4 : Sólido, por encima de la media.
5 : Excelente: prueba, claridad e impacto reunidos.
Cada parrilla calcula una puntuación ponderada sobre 100. El candidato no necesita destacar en todos los criterios: algunos cuentan más que otros según el puesto y la etapa del proceso.
La síntesis y la decisión final
Las tres parrillas se consolidan en una pestaña de síntesis que reúne las evaluaciones de los tres interlocutores y arroja una recomendación clara. El objetivo no es sustituir el juicio humano, sino hacerlo trazable: si los evaluadores no coinciden, la scorecard permite saber con precisión en qué punto, y por qué.
